martes, 30 de septiembre de 2014

El delirio de Gilles Deleuze



Gilles Deleuze, filosofo francés, plantea desde su mirada la relación del deseo con tópicos propios de el comportamiento básico del hombre hasta el psicoanálisis. No sólo se plantea el deseo como elementos invididuales sino como parte de un todo. Aunque la base del deseo lo identifica como objetos o personas, estas van incorporadas a situaciones donde se plasma realmente ese concepto. Es decir, no deseamos una cosa, deseamos un conjunto de cosas. 

Cuando hablamos por ejemplo del alcohol no hablamos del vaso y el componente, sino lo que conlleva a la situación de beber unas copas, compartir, conversar, etc. Lo mismo se puede llevar a una persona, aunque la pregunta es ¿qué hace que las cosas o personas sean deseadas?

Se desean las cosas en un contexto, se visualiza mas allá de lo que son. Desear es construir en un conjunto, el deseo trae constructivismo.

-El inconciente produce y no para de producir, es como una fabrica. (lo contrario de una visión psicoanalítica).

-El delirio también está ligado al deseo, ya que desear, es en cierto modo delirar. Si analizamos el delirio, no tiene nada que ver con el psicoanálisis. Se delira sobre la historia, la sociedad, los pueblos. El psicoanálisis no comprende nada del fenómeno del delirio.
El deseo es algo espontaneo, un flujo que en algunos momentos nos lleva a limites impensados con tal de lograrlo o expresarlo. 

Basicamente, hablamos de un impulso libre de todo prejuicio o muro dogmatico, aplicable a un sin fin de elementos.

Cabe señalar el particular interés de Deleuze por los tipos de “disfunciones” mentales de las personas y también de la sociedad (de hecho siempre tuvo un alto interés por el tema, en las cuales muchas de ellas respetaba y en varios casos validaba o entendía casi como parte natural de los individuos).

martes, 23 de septiembre de 2014

Santiago sin Escape

Es constante, es inevitable. La urbe tiene sus sorpresas, solo debemos aprender a observar. La amenaza incluso vienen de nosotros mismos, podemos ser nuestros propios y más agobiantes enemigos. Las formas son varias, se plasman fisica o imaginariamente (involuntariamente en muchos casos) cuando nuestra propia mente nos juega en contra, nos hace ver lo que no queremos, no que no esperamos y empezamos a convivir con amenazas multiples, las externas en sus diversas caricaturas (los medios son muy creativos, y saben volcar al mas incauto) y las propias, quizas las mas traicioneras, de las cuales no pensamos nos hagan tropezar. ¿La caricaturizacion es posible en estos dos aspectos? ¿Podemos llegar a dominar a una de las dos de forma definitiva? Creo que hay miedos que podemos derrotar mas facilmente que otros, solo debemos saber cerrar los ojos y abrir la mente, o al reves?




martes, 9 de septiembre de 2014

Begotten, arte onirico llevado al extremo

Begotten presenta una historia que relata el mito del Génesis desde una mirada estética determinada. A pesar de que el film no contiene diálogo o símbolos culturales fácilmente discernibles, sí posee referencias a varios mitos, paganos y cristianos. Merhige reveló posteriormente al lanzamiento del film que la inspiración para realizarlo le vino de una experiencia cercana a la muerte que había sufrido durante un accidente de coche, cuando contaba con 19 años.
Algunos elementos cristianos están presentes en el momento en que el personaje Madre Tierra se impregna de Dios, asemejándose a lo sucedido entre María y el Espíritu Santo. También existe una historia más antigua pero similar en el Antiguo Egipto, donde la diosa Isis realiza la misma acción con el falo del difunto Osiris, más tarde dando a luz a su hijo Horus.

Marina y Ulay

En los años setenta, la artista serbia Marina Abramovic mantuvo una intensa relación de amor con su pareja, el alemán Ulay.
Pasaron varios años juntos, realizando toda clase de performances por el mundo. En 1988, cuando su relación ya no daba para más, llevaron a cabo su última acción, titulada Los Amantes. Cada uno camino 2.500 kilómetros desde lados opuestos de la Gran Muralla China hasta encontrarse en el medio, abrazarse y no volver a verse nunca más.
23 años después, cuando Marina Abramovic ya era una artista consagrada, el Museo de Arte Moderno de Nueva York (MoMA) le dedicó una retrospectiva a su obra denominada The Artist is Present (La Artista está Presente). Dentro de la misma, Marina compartía un minuto en silencio con cada extraño que se sentaba frente a ella.
Ulay llegó sin que ella lo supiera. Esto fue lo que pasó.

Fluir sin pensar



La creación artística es el impulso de un individuo sin buscar necesariamente la compresión ni el significado del mismo. Es erróneo creer que cada creación tenga necesariamente un significado mas allá de lo que realmente es o pueda ser.

La fuerza de la creación como tal es una necesidad o impulso que también podría verse como una liberación, un mensaje que no necesariamente quiere ser visto, pero que busca la luz entre mares de prejuicios y eternas capas de espesa ignorancia. Y por ignorancia, hablamos no necesariamente de individuos que tengan  nulo conocimiento respecto a la creación artística, sino de los mismo creadores que interpretan torpemente trabajos y realizaciones basados en su matemática critica, en su ecuación de los sentidos, buscando un canon,  un patrón que de luces de lo que el artista debería comunicar.

Caemos en el error de tratar de comprender todo, de llevar los elementos a un significado, los colores a un mensaje y las formas a un sentido. Ese trance creativo es tan personal que muy difícilmente se podría descifar por foraneos, incluso en muchos casos por el mismo creador. Aun asi, existe la necesidad de dejar ese registro, ese eco a veces incomprensible, como una muestra de ese algo que en algunos casos nos perturba, nos inquieta, pero de una u otra forma, necesitamos verlo expuesto para después, en lo posible (a veces ingenuamente), intentar dilucidar como un puzzle, el mensaje que nosotros mismos no entendemos y queremos (o creemos) que podemos comprender observando este camino como un patrón de signos o símbolos que nos de luces de ese yo interno desconocido, ese que aunque no lo queramos, convive con nostros al unisono pero en mundos paralelos.