La creación artística es el impulso de un individuo sin buscar necesariamente la compresión ni el significado del mismo. Es erróneo creer que cada creación tenga necesariamente un significado mas allá de lo que realmente es o pueda ser.
La fuerza de la creación como tal es una necesidad o impulso
que también podría verse como una liberación, un mensaje que no necesariamente
quiere ser visto, pero que busca la luz entre mares de prejuicios y eternas
capas de espesa ignorancia. Y por ignorancia, hablamos no necesariamente de
individuos que tengan nulo conocimiento
respecto a la creación artística, sino de los mismo creadores que interpretan
torpemente trabajos y realizaciones basados en su matemática critica, en su ecuación
de los sentidos, buscando un canon, un
patrón que de luces de lo que el artista debería comunicar.
Caemos en el error de tratar de comprender todo, de llevar
los elementos a un significado, los colores a un mensaje y las formas a un
sentido. Ese trance creativo es tan personal que muy difícilmente se podría
descifar por foraneos, incluso en muchos casos por el mismo creador. Aun asi,
existe la necesidad de dejar ese registro, ese eco a veces incomprensible, como
una muestra de ese algo que en algunos casos nos perturba, nos inquieta, pero
de una u otra forma, necesitamos verlo expuesto para después, en lo posible (a
veces ingenuamente), intentar dilucidar como un puzzle, el mensaje que nosotros
mismos no entendemos y queremos (o creemos) que podemos comprender observando
este camino como un patrón de signos o símbolos que nos de luces de ese yo
interno desconocido, ese que aunque no lo queramos, convive con nostros al
unisono pero en mundos paralelos.

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